El giro convertido en gesto: levas y seguidores
La leva es la pieza que decide qué forma tendrá el movimiento. Un disco de perfil irregular gira sobre su eje, un seguidor apoya contra ese perfil y sube o baja según el radio que encuentra en cada instante. Todo lo que ocurre arriba, en la figura, ya está escrito en el borde de ese disco: la altura del gesto, su duración y la brusquedad con la que empieza y termina.
Conviene pensar el perfil por tramos. Hay una zona de subida, una zona de reposo en la que el radio se mantiene constante y el seguidor queda quieto, y una zona de bajada. Un salto brusco entre tramos produce un golpe seco que se oye y se transmite a toda la caja; una transición suavizada con un tramo de radio creciente y otro decreciente reparte la aceleración y hace que el gesto parezca intencionado en lugar de accidental.
El seguidor plano es sencillo de fabricar y tolera mal los perfiles cóncavos: el borde se clava en la concavidad y el mecanismo se agarrota. El seguidor de rodillo resuelve ese problema y reduce el desgaste, pero exige un eje pequeño, bien centrado y con juego mínimo. En madera se puede usar un taco redondeado de madera dura; el desgaste será mayor, así que se acepta el rozamiento a cambio de simplicidad y se prevé la sustitución.
Qué define el comportamiento de una leva
- La diferencia entre el radio máximo y el mínimo: es la carrera del seguidor, es decir, la amplitud del gesto.
- La longitud angular de cada tramo: cuántos grados de vuelta ocupa la subida, el reposo y la bajada.
- El ángulo de presión, que crece cuando el perfil sube demasiado deprisa y empuja el seguidor de lado en lugar de hacia arriba.
- El sentido de trabajo: si el seguidor solo sube por el perfil, algo debe devolverlo, normalmente su propio peso o un muelle ligero.
- El acabado del canto, porque cualquier rebaba en el borde se nota como un tirón en cada vuelta.